Del increíble encuentro

Obra teatral en un acto

Personajes:

Viejo

Joven

Se abre el Telón. Flota en la campiña el aire gelatinoso previo al anochecer, como una pena arrastrada por el horizonte lejano. Otro sol triste es despedido por una batería de nubes rojas y refulgentes; mientras la llanura negra, desparramada a sus anchas, inhala los hedores tediosos del polvo y los árboles.

Desde el lateral izquierdo, viene el VIEJO con una pala al hombro. Concentrado cuenta sus pasos, la vista fija en el piso, se detiene en el centro del escenario (quizás el centro mismo de nuestra existencia). Comienza a cavar con prolija determinación

Algunos minutos después, desde el lateral derecho, asoma el JOVEN, con ánimos curiosos pero respetuosos

JOVEN: Señor, disculpe la molestia, pero no puedo evitar indagarlo: ¿qué está buscando con ésa pala y en ése pozo?

VIEJO: Busco mi pie izquierdo (declara ensimismado y sin interrumpir su tarea)

JOVEN: Perdóneme si caigo en una nueva intromisión pero… usted tiene su pie izquierdo, justo ahí, debajo de su rodilla izquierda.

VIEJO: ¡Qué contrariedad! Una tontera irremediable, ahora seré ante sus ojos un simple embustero, ¡qué mal concepto tendrá de mi persona! Sin embargo lo felicito: es usted un gran y perspicaz observador

JOVEN: Eso intento con cada día

VIEJO: ¿Se sentiría ofendido si yo, dejando de excavar, le preguntara quién es usted?

JOVEN: En lo absoluto

VIEJO: Que alivio, porque necesitaba descansar

JOVEN: ¿Desea que lo ayude?

VIEJO: ¿Tiene usted escondida entre sus ropas una pala?

JOVEN: Iré a comprar una

VIEJO: Bien

Sale el joven por el lateral derecho.

El Viejo reanuda la tarea. Mientras el sol termina por morir, y se iluminan las primeras estrellas tímidas, vuelve sonriente el joven trayendo consigo una pala.

Ambos se ponen a cavar

JOVEN: (deteniéndose) ¿Qué estamos buscando?

VIEJO: (sin parar) Pronto lo sabremos

JOVEN: ¡Puede que estemos para toda la vida aquí!

VIEJO: ¿Tiene algo mejor que hacer con su tiempo?

Prosiguen

Hasta que la profundidad del hoyo escucha el grito ahogado del joven

JOVEN: ¡Manteca!, ¡no va a creerme pero encontré Manteca!

Ayuna de imperfecciones, entre las manos laceradas del muchacho, medio kilo de radiante manteca dorada. Su aroma embriagador, fogoso, es una perversión para los sentidos de irresistible rebeldía. El joven la eleva por encima de sus hombros, como queriendo proyectar la existencia hacia lo sagrado. El viejo musita excitadas bendiciones al fértil suelo pampeano. Ambos sonríen con una sonrisa más allá de sus sonrisas.

El viejo reanuda la tarea

JOVEN: ¿Por qué?

VIEJO: Faltan las tostadas

(TELÓN)

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One comment

  1. Poncho · noviembre 25, 2009

    Hola, soy Poncho de Paternal…
    estoy buscando mujeres entre 25 / 85 años, desesperadas y con pocas expectativas. Quiero formar una relación seria basada en el amor al prójimo (sobre todo si ese prójimo soy yo). Intereses comunes: satanismo, carreras de caracol y cosas brillantes. A todas las interesadas, por favor, enviar mail.
    Gracias

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