Not Penny’s boat

Advertencia: el siguente artículo contiene spoilers.

Sí no te has visto unos, mínimo, cien capítulos de Lost, ni te molestes en leer lo que sigue

Previamente en Lost

Contar de qué la va (o la iba) Lost hasta el momento del episodio Throguh the looking glass sería un esfeurzo titánico que ni James Cameron o el Pete Jackson juntos. Si alguien tiene curiosidad, o necesita refrescar la memoria, pueden hacer click acá y acá. De este lado, sólo vamos a hacer incapié en una o dos aspectos importantes:

Desmond David Hume es un escoses con baja autoestima que se enamora de Pennelope Widmore, hija de un acaudalado hombre de negocios. Como el suegro desaprueba la unión, y él tampoco se siente digno de ella, emprende una travesía alrededor del mundo para demostrar (se) su valía. Naufraga y cae en la Isla de Lost. Pasa los siguientes dos años de su vida encerrado en una estación de investigación subterránea, escuchando a Jerico Jack y salvando al mundo cada 108 minutos. Por supuesto no hay forma de escapar. Un buen día, su mal desempeño en el trabajo hace que el Oceanic 815 se estrelle y un montón de gente guapetona de entre 25 y 45 años comience a dar vueltas por la isla sin tón ni són. Y hay osos polares, niños de cara mala, escotillas que no se deben abrir y misterios que no tendrán nunca respuesta (más que nada, porque la serie terminó). No pasa mucho hasta que el escocés se une al grupo de sobrevientes del avión y nos enteramos de su eterno esfuerzo por reunirse con la mujer que ama.

En el finale de la segunda temporada, Desmond activa el mecanismo de seguridad de la escotilla volandola por los aires. Esto hace que su conciencia viaje años atrás, al momento en que decide abandonar a Penny definitivamente y enlistarse en el Regimiento Real Escocés. Intentando cambiar el pasado, Desmond elige quedarse con su amada, evitando así la cadena de contecimiento que lo habían llevado a realizar el viaje en primer lugar. Como existen reglas, el muchacho comprende que si el destino quiere que algo ocurra, ese algo ocurrirá no importan tus esfuerzos para cambiarlo.

De vuelta a su prsente, Desmond descubre una cierta habilidad precognitiva que se manifiesta alrededor de Charlie Peace. Básicamente, el bajista muere en diversas situaciones y Desmond se las arregla para impedirlo. ¿Por qué? Bueno, de acuerdo con esta nueva habilidad, Des sabe que la muerte de Charlie garantizará que la Claire y el resto de los losties se salven. Pero esa muerte no es cualquiera, sino una muy específica cuyas condiciones no se dan hasta el episodio Through the looking glass parte 2. Allí somos testigos del sacrificio que este personaje hace para salvarlos a todos.

La muerte de Charlie

Este evento marcaría el final definitivo de Lost como lo conocíamos y el comienzo de una nueva serie, con los mismos personajes, historias y encuentros pero regido por otras reglas y prestando atención a diferentes modalidades. No me refiero tanto al punto de vista narrativo, aunque si se marca un quiebre con la introducción de los flashfowards y otras técnicas y situaciones totlamente nuevas. Sino a un punto que prescinde del qué ocurre y cómo en Lost. Hablo de un entendimiento que sobrepasa la experiencia de la serie y se vuelve ajena pero simbiótica: la producción de la misma y las desiciones tomadas por sus responsables para detener la acumulación de tramas y llevar el barco hacia su final.

Después de tres años en el aire, Lost tenía que terminar algún día y ése día ya tenía rostro.

Luego del final de la tercera temporada, Lost reduce casi a la mitad su cantidad de episodios por año. Pasamos de ver 23 capítulos a tener solamente entre 14 y 17 (con excepción de la temporada final que tuvo 18 pero no más). Como evento de marketing, lo que ocurría en la isla era apenas una parte de una enorme sucesión de websodios, experiencias interactivas, libros de ficción, camisetas, mensajes subliminales y apariciones estelares.

El primer capítulo de la cuarta temporada no podía ser más evocador: the begining of the end. A partir de este momento, la realidad de la isla se ve afectada por una guerra entre personajes que nada tiene que ver con el verdadero trasfondo de la serie, su razón de ser: la pelea entre Jacob y sus candidatos contra el Hombre de Negro. Las historias se volvían planas, carentes de emoción y fueron muchos los capítulos sencillamente malos y para nada comparables con los primeros maravillosos, mágicos y perfectos primeros 72 episodios. Los nuevos personajes no aportan nada nuevo ni traen consigo historias intresantes (uno de los aspectos que más destacaban a Desmond era que, a pesar de incorporarse a mitad de la segunda temp, trajo consigo una serie de avatares, desdichas y conflictos que lo hacían muy interesante al fanático). La única excepción entre los nuevos personajes era Daniel Faraday pero porque representaba la promesa de hallar una explicación más o menos razonable a todo lo que estaba pasando. Y porque Jeremy Davies es un excelente actor que tomó tan plano personaje y dotó de matices impensados.

No está ni el deseo, ni la voluntad de otorgar respuestas a los crecientes misterios de la Isla al punto tal que, la última temporada, padece de resoluciones argumentativas una más atropellada que la anterior. No hay dosificación, ni tensión, ni absolutamente nada que aporte a una mitología que era construida por medio de foros, fanáticos y todas esas cosas externas e independientes de qué, cómo y cuándo ocurrían los eventos. Tampoco se evidencia el famoso “plan” que los productores afirmaban conocer al pie de la letra y que les permitiría, llegado el momento, responder todas y cada una de als preguntas planteadas. Tras ver todas las temporadas, se hace evidente la enorme cantidad de baches en el universo de Lost y la inhabilidad de sus guionistas / productores por jugar con las mimas reglas que ellos habían creado. Sin ir más lejos, la visión de Desmond con Claire tomando un helicóptero fuera de la isla gracias al sacrificio de Charlie jamás tiene lugar y el personaje no sufre cambios emocionales importantes como consecuencia de su error. 

Por estas razones, y muchas otras más, considro al “not pennys boat” como el final de una etapa de gloria, que no pudo ser repetida en los siguientes 49 capítulos.

Y aún así Lost es una de las mejores, más pensadas, imaginativas y vanguardistas series de la televisión en mucho tiempo.

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