Diario de un esclavo del dinero

Así comienza:

Buenos días,

Mi nombre es XX XX, estoy interesado en aportar mis capacidades y buena predisposición a este emprendimiento. Soy una persona proactiva, profesional y seria, tengo mucha inclinación hacia el trato con personas, buena dicción y paciencia.

Si usted creen que poseeo las características necesarias para trabajar juntos, podemos concretar una reunión para ultimar detalles

Atentamente, XX XX

Existe algo más patético que una persona que intenta venderse a sí misma? Sí, una que no sabe cómo. Todo ocurrió cuando la empresa de la que dependía mi estabilidad monetaria, decidió dejarme tranquilo en mi casa. Al principio, la movida fue recibida con gran regocijo y alivio, mi mente al fin podía verse libre del horrible tormento por la cual pasaba cinco días a la semana, seis horas diarias. Luego la realidad hizo su entrada en mis planes y me vi sin un centavo, sin trabajo, sin ningún otro título más que el secundario y viviendo de prestado en lo que mis padres. Una joyita de 26 años, barbudo, peludo, con gases y una panza que amenaza con devorarme las rodillas cada vez que me siento… Cada noche, antes de dormir, leo el telegrama de despido:

  • Estimádisimo XX XX:
  • Ya no lo necesitamos como esclavo, le recomendamos no acerque su sucia cara por nuestras dependencias. Rajá perro

Menos mal que logré robarme mucha papelería… Como decía al principio, auto promocionarse es un arte cuyos trucos me eluden. Además de que carezco de la energía para ser entusiasta, paciente y con buena dicción después de completar los formularios de registro en páginas como bumeran o zona jobs. Digo, no es que estén mal pero después de que uno lo hace por octava vez, empiezas a odiarte. Además, es gracioso como la mayoría de los buenos puestos piden gente con experiencia, graduados en tal o cual carrera universitaria y que no superen los 22 años. O yo he malgastado mi vida, o alguien no tiene expectativas muy realistas. Lo peor es que existen esos sujetos. En mi trabajo anterior, del que fui echado como a un leproso, había un flaco que obtuvo su master en psicología a los 20, la licenciatura en literatura comparativa con 23 y el grado summa cum lae de ingeniería eléctrica con 25. Era el portero más sobrecalificado que conocí en mi vida. Mi primera resolución cuando decidí “volver a ofrecer mi fuerza de trabajo” era no repetir antiguos errores. Por antiguos, me refiero a no volver a un call center. ¿Dije que trabajaba en un call center? Eso es negación, según me explicó el portero una vez.

Siempre tuve problemas para definir mi área de trabajo. Vengo de una familia de clase media baja, con recursos pocos pero que nos han permitido existir sin ser la comida de ningún pez gordo pero tampoco para presumir. Soy el único de cinco hermanos que terminó el secundario y también el único que se vió sin hijos al cumplir las dos décadas de existencia. Cuando encontré trabajo como “agente” en un call center, se me hizo difícil de explicar. Esto es lo más cercano que encontré:

imagínate que estas arriba de un carro de madera que es tirado a toda velocidad por una locomotora. No tenés agarraderas, ni otra forma para sostenerse que tus peregnes uñas. También el viento en contra. Además de que alguien te está arrojando naranjas desde el tren, las cuales adquieren una velocidad y potencias astronómicas gracias al milagro de la dinámica. Mientras esto ocurre, estás obligado a explicarle a un inmigrante ilegal en los Estados Unidos, que en su vida vió una computadora, como configurar su modem wireless. Todo esto demostrando ser una persona proactiva, profesional, seria, con mucha inclinación hacia el trato con personas, buena dicción y paciencia.

Con razón nadie entendió nunca lo que hacia… supongo que esta historia continuará (porque sigo sin trabajo)

Anuncios

4 comments

  1. Bruno · agosto 16, 2010

    También trabajé en un Call center. Creo que todos los nacido del 80 para acá lo ha hecho. De acuerdo contigo, era deprimente. Recientemente, también fui despedido den mi tan dignísmima labor de docente. Me lo dijeron media hora antes de ir a vacaciones y también ando deambulando buscando unas clasecitas que me ayuden a sobre llevar el café, los cigarrillos y mis libros. La comida sí la sigo teniendo en casa. Muy divertido.

  2. puly1333 · agosto 17, 2010

    Ah, vida dura la de los hombres de hoy.
    Escribo este seudo diario para verle el lado divertido, pero hace ya casi cuatro meses que vivo la vida del desempleado.
    Podríamos fundar un grupo y reunirnos todos los martes a llorar… pensalo

  3. Pingback: Diario de un esclavo del dinero (y II) « …¡(+.+)!…
  4. Pingback: Diario de un adicto al dinero (temporada dos) « …¡(+.+)!…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s