LOS PROFESIONALES I, ep. 04

En uno de los episodios de “Los Profesionales” Carlos Giménez narra tu llegada a la agencia Selecciones Ilustradas (S.I.). Eras un crío.

Yo quería dibujar tebeos, pero era complicado saber a dónde acudir. Le comenté a mi padre que un tal Toutain era director de una agencia de dibujantes. (…)

¿Cuántos años tenías?

Catorce.

(…) ¿Cómo era la agencia de Josep Toutain?

Toutain no era un mal dibujante, pero descubrió que podía ganar más dinero como agente que dibujando. Por el origen francés de su padre conocía el idioma, así que cogió dibujos de amigos suyos (López Espí, Jose María Miralles) y se fue a Paris. Regresó con contratos y, sobre todo, guiones. Como España estaba en la miseria, nuestros precios eran una ganga en comparación con los de los dibujantes franceses. Y así nació Selecciones Ilustradas. Toutain tenía tanta oferta de trabajo de editoriales cutres europeas que necesitaba dibujantes a punta pala y así la agencia se convirtió en Alaska, la Tierra del Oro, a donde llegaban chavales de toda España absolutamente demenciados por el cómic. Se presentaban en la puerta con una carpeta y cuatro dibujitos y, si tenían un poco de mano, Toutain les decía lo que tenían que dibujar y en quince días estaban ganando una buena cantidad de dinero.

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Críticas al paso

Breves, concisas y con spoilers por doquier…

Paranoia agent

2004 / Japón / 13 capítulos / Dir. Satoshi Kon

 

Shounen bat es un chico de primaria que recorre las calles de Japón golpeando a gente cuya existencia es un círculo vicioso de rutina y sin sentido. Producida por Satoshi Kon, esta serie es una verdadera muestra de pulso narrativo que no me canso de recomendar a todo aquel que le guste ver una buena historia. Es tan importante esta obra que trasciende el medio que la contiene y se puede disfrutar incluso por más obtuso anti-animé.

 

Buried

2010 / E.E.U.U, España, Francia /  95 min / Dir. Rodrigo Cortés / Ryan Reynolds

 Psicológico, claustrofóbico, simplemente devastador. Son 95 minutos seguidos de Ryan Reynolds dentro de un ataúd con todo lo que eso puede llegar a significar. Una auténtica experiencia cinematográfica, algo rara vez encontrado hoy día. Adéntrense al mundo desesperante de conseguir una mano de ayuda desinteresada en estos días. No esperen concesiones ni humor para relajar la experiencia, esto es un cóctel demoledor. Ahora lo que tengo mis dudas es si resiste un segundo visionado… Read More

En breve…

Ahora que la causa judicial que me atormenta ha entrado en un receso, tendré más tiempo disponible para darle más vida a este mi amadísimo wordpress.

En cuestión de días verán una auténtica revolución de artículos, imágenes, comics y cosas locas que se me van ocurriendo y si no las vuelco acá ¿dónde carajo si no?

Como bonus: un cacho de Calvin & Hobbes del maestro Bill Waterson!!!

HASTA LA PATANGA, SIEMPRE!!!

Sobre la carga y la descarga…

Esto que digo, a fue expresado mejor por Jaume Sisa… yo descargo comics violando las leyes de derecho de autor, impidiendo que mis autores favoritos vean el dinero por la difusión de sus obras y atentando contra, no sé, quince o veinte leyes del copyright. Soy un criminal, eso es seguro. Sobretodo porque la cantidad de comics que descargo no se compara, ni por asomo, con las películas y series que atiborran mi disco rígido.

Las últimas películas que he visto apestan, son tan inefables en su repulsividad que ni siquiera valen su alquiler. ¿Es lícito pagar por mofes tan infumables?, ¿tiene derecho jerry bruckheimer a instalar seguridad extra en cada cine donde pasan su despropósito para evitar copias piratas?, ¿soy un criminal por haber disfrutado gratuitamente de un espectáculo mal dirigido, mal actuado y sin ninguna gracia? Sí, por supuesto.

La piratería es uno de los más grandes problemas del cine actual. Pero no lo fue para The Dark Knight o Inception, o Toy Story 3. Desde que se estrenaron, aparecieron copias por miles a precios de centavos y aún así, la gente llenó las salas de cine. Buenas historias, después de todo. Pero qué pasa con cosas como, por ejemplo, contra las cuerdas? Este nuevo programa de la televisión pública es absolutamente magnífico, muy bien interpretado, con inmejorable dirección y entretenido pero su rating es el más bajo de un canal cuyo pico es de 0.7. No voy a decir que se debe a la piratería pero sí a que gran parte de sus espectadores la siguen por internet. Los productores entienden de dinero, no de arte. Y los actores, iluminadores, directores, guionistas, peluqueros, maquinadores, necesitan comer. ¿Cómo vamos a tener buenas ficciones y su público no desea siquiera sintonizar un canal, una vez por semana, para sentarse delante de la caja boba?

No sé, sólo digo.

Con C de arte: Moebius

Nos recibe en tierras galas uno de sus más importantes exponentes: Jean Giraud y su siempre impresionante alter ego Moebius.

La plasticidad del dibujo y su fascinante delirio metafísico crean un diálogo con el lector que transciende en mero hecho artístico, para transformarse en otra cosa que permanece detrás de cada ilustración. El mundo pictórico de perfectas líneas trazadas con sumo cuidado, disponen la narración en una dirección única que es aquella que Moebius ha decidido (y no otroa, ni ninguna alterna, ni siquiera el paraíso de esta última). Read More

Prólogo a “Los Lanzallamas”

por Roberto Arlt

Con Los lanzallamas finaliza la novela de Los siete locos.

Estoy contento de haber tenido la voluntad de trabajar, en condiciones bastante desfavorables, para dar fin a una obra que exigía soledad y recogimiento. Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana.

Digo esto para estimular a los principiantes en la vocación, a quienes siempre les interesa el procedimiento técnico del novelista. Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras.

Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce surmenage.

Pasando a otra cosa: se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de su familia.

Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura. O la encara como un excelente procedimiento para singularizarse en los salones de sociedad.

Me atrae ardientemente la belleza. ¡Cuántas veces he deseado trabajar una novela, que como las de Flaubert, se compusiera de panorámicos lienzos…! Mas hoy, entre los ruidos de un edificio social que se desmorona inevitablemente, no es posible pensar en bordados. El estilo requiere tiempo, y si yo escuchara los consejos de mis camaradas, me ocurriría lo que les sucede a algunos de ellos: escribiría un libro cada diez años, para tomarme después unas vacaciones de diez años por haber tardado diez años en escribir cien razonables páginas discretas.

Variando, otras personas se escandalizan de la brutalidad con que expreso ciertas situaciones perfectamente naturales a las relaciones entre ambos sexos. Después, estas mismas columnas de la sociedad me han hablado de James Joyce, poniendo los ojos en blanco. Ello provenía del deleite espiritual que les ocasionaba cierto personaje de Ulises, un señor que se desayuna más o menos aromáticamente aspirando con la nariz, en un inodoro, el hedor de los excrementos que ha defecado un minuto antes.

Pero James Joyce es inglés. James Joyce no ha sido traducido al castellano, y es de buen gusto llenarse la boca hablando de él. El día que James Joyce esté al alcance de todos los bolsillos, las columnas de la sociedad se inventarán un nuevo ídolo a quien no leerán sino media docena de iniciados.

En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches.

De cualquier manera, como primera providencia he resuelto no enviar ninguna obra mía a la sección de crítica literaria de los periódicos. ¿Con qué objeto? Para que un señor enfático entre el estorbo de dos llamadas telefónicas escriba para satisfacción de las personas honorables:

“El señor Roberto Arlt persiste aferrado a un realismo de pésimo gusto, etc., etc.”
No, no y no.
Han pasado esos tiempos. El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un “cross” a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y “que los eunucos bufen”.

El porvenir es triunfalmente nuestro.

Nos lo hemos ganado con sudor de tinta y rechinar de dientes, frente a la “Underwood”, que golpeamos con manos fatigadas, hora tras hora, hora tras hora. A veces se le caía a uno la cabeza de fatiga, pero…. Mientras escribo estas líneas pienso en mi próxima novela. Se titulará El Amor brujo y aparecerá en agosto del año 1932.
Y que el futuro diga.

A la vuelta de la página menos pensada: Alejandro Dolina

Aclaremos algo: acá no se va a disertar sobre el Dolina radial, ése que noche a noche invita a un recorrido de humor, cultura e historia que es un verdadero deleite. No, aquí hablaré del sujeto literario con ya varios libros publicados y que, considero, un autor mediocre pero extraordinario.

Dejenme explicar esta dicotomía: cualquiera que haya leído a Borgues, Cortázar o Macedonio Fernández encuentra en Dolina a un disípulo del montón, a veces hasta a un plagiador sin matices que, oculto detrás de la máscara del homenaje, pretende darnos gato por liebre. Todos sus libros siguen una especie de ruta más o menos repetida a lo largo de su narrativa: hay un incidente x sobre el cuál se volverá repetidas veces a lo largo de la obra y, en medio, capítulos autoconclusivos la mar de diversos. Estos episodios que narran aventuras en lejanos orientes y en el barrio de Flores son los que brindan mayor colorido al relato general. Pero carecen todos de cualquier originalidad.

Y entonces, ¿en dónde radica el placer de leer a Dolina? Me gusta su trsiteza, su melancolía, me gusta acercarme a los Hombres Sensibles de Barrio de Flores como si mirara viejas fotos de primaria, me emociona el aire simple del fresco amanecer y la calurosa providencia del bien aventurado. Todas esas cosas, esas emociones de alegría y tristeza, no son la literatura. Pero son Dolina.

¿Sabe por qué defiendo a Maradona? Por personas como ustedOctubre 2009. Tras los polémicos dichos de Diego Maradona

“Una oyente dice: ‘Estimado Dolina, ¿ya no defiende más a Maradona? ¿O acaso ya no hay ningún Sargento Cruz? Vea: Ud. ayudó a alimentar al monstruo que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial. Cordialmente. Ingrid Hammer’.

Mi respuesta es SÍ. Yo he resuelto -después de un extravío- bancar a Maradona en esto. ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde se escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, pero libreteado (y en la televisión ni hablemos), ese mundo se indignó. Esos tipos se indignaron. Y esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente en la vereda de enfrente.

Y lo que un tipo dijo, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, y por su propia condición, después fue repetido ad nauseam por todos los noticieros, con subrayados, subtitulados, duplicaciones, ampliaciones y circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni en estado de emoción violenta, ni perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si lo defiendo a Maradona. Bueno, sí, lo defiendo. Si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.

Y eso de “que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial”… ¡Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa nuestra obligación! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¿Ante quiénes? ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Ante quién tenemos que quedar bien? ¿Dónde esta la Fiscalía del Universo? ¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer!

Y otra cosa: muchas veces, pero muchas, en los medios se dicen cosas muy interesantes. Yo he escuchado casi revelaciones, a veces, dichas por tipos a los que yo admiro mucho. A veces son intelectuales, como, no sé, el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces son artistas, o incluso locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir “pero mirá que bien pensó éste”. Bueno, a esos NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros, con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la BASURA. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco.

Así que ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de indignarse, de enojarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola. Lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! ¡Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona, viejo. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, bueno, es ése, y no Pancho Ibáñez.

Así que sí, lo defiendo a Maradona. Ante usted lo voy a defender siempre”.

El corso triste de la calle Caracas Segun una difundida leyenda, el Carnaval fue alguna vez una fiesta popular, con personas disfrazadas, musica, baile, bromas y murgas. En verdad, cuesta creer semejante cosa. Como quiera que sea, la legendaria gesta ha muerto ya. Sin embargo, como silenciosas habitaciones vacias, han quedado ciertas fechas del almanaque a las que la terquedad general insiste en adjudicar la condicion de carnavalesca. Esos dias son utilizados no ya para festejar sino mas bien para reflexionar y añorar la ausencia de la fiesta.

Se trata, segun se ve, de un curioso destino: pasar del entusiasmo a la nostalgia, de la pasion a la meditacion, de la alegria a la tristeza. Muchos espiritus taciturnos se solazan con este estado de cosas y afirman que la farra y el desenfreno de otras epocas fueron apenas un paso previo e inevitable, cuyo noble fin se cumple ahora, en el ejercicio del recuerdo.

Los Hombres Sensibles de Flores simpatizaban en cierto modo con este criterio. Para ellos el Carnaval no solamente servia para seducir señoritas en las milongas sino tambien para pensar en el paso del tiempo.

Puede afirmarse sin caer en el infundio que esta ilustre manga de atorrantes jamas consiguio entender el sentido de los Carnavales.
Manuel Mandeb pensaba que las gentes se ponian contentas en virtud de algun suceso que todos conocian menos el. Sus amigos padecian un desconcierto de la misma clase.

Esto puede explicar la extraña conducta de los Hombres Sensibles en los corsos y en los bailes.

Durante un rato hacian fuerza para sentirse alegres: bailaban, comian chorizos, se ponian caretas, hablaban con voz finita y mojaban a las damas con pomos de colores. Despues comprendian que todo aquello era inutil y entonces se iban a otros bailes, discutian con los mozos, miraban las orquestas, evocaban antiguos Carnavales y cantaban el tango Siga el Corso. Ya en la madrugada maldecian el Carnaval, se estacionaban en las esquinas desoladas y se burlaban de los caminantes que volvian a sus casas.

Pero una tarde de verano Manuel Mandeb tuvo una inspiracion genial.

Se le ocurrio organizar todos los años el Corso Triste de la Calle Caracas.

Se trataba de una idea interesante: Mandeb pensaba que en los Carnavales vulgares todos disimulaban la tristeza disfrazandose de personas alegres.

Su proyecto consistia en adoptar disfraces y actitudes melancolicas para ver si detras de ellos se instalaba la alegria.

” Si bajo la sonora risa del payaso se adivina siempre una lagrima, es posible que encontremos una sonrisa si sacamos nuestras caretas de victimas”

Si el proposito de Mandeb fue lograr un clima de pesadumbre, hay que decir que lo consiguio. El Corso Triste de la Calle Caracas era francamente tenebrosos. Todas las luces estaban apagadas. Los asistentes deambulaban como sombras fingiendo toda clase de sufrimientos.

Las murgas entonaban canciones tragicas y tangos de Agustin Magaldi.

Los disfraces eran lastimosos: de condenado a muerte, de novia abandonada, de jugador expulsado, de deudor hipotecario, de vendedor de libros y de intoxicado.

Con el tiempo el Corso Triste se fue haciendo mas ambicioso y complejo.

Jorge Allen, el poeta, empezo a escribir versos murgueros con pretension literaria.

“Si parliamo’ del destino bororom bobom bobom…

?Quien conoce su camino?

Bororom bobom bobom….

Nadie puede contra la suerte la ultima carta es la de la muerte borobobom bobom bobom borobobom bobom bobom.”

Los muchachos tristes de otros barrios se acercaron poco a poco y pronto circularon carrozas de hojas secas y automoviles con las ventanillas cerradas.

En el tercer año, se constituyo un jurado y se realizaron concursos y torneos.

Las comparsas se sacaban chispas para ver cual era la mas deprimente.

Los Lonyipietros del Desengaño, los Decrepitos del Mañana y Chispazos de Soledad fueron las agrupaciones mas renombradas.

Las reinas del corso eran bellisismas, pero inaccesibles y perversas. El premio anual de mascara suelta lo gano siempre el mismo individuo Hablamos -desde luego -del celebre actor Eladio del Prado, quien no tenia rival en la tecnica de la caracterizacion.

Sus primeros disfraces fueron sencillos. Una noche aparecio disfrazado de esclavo persa y todos se condoliana al ver su espalda surcada de latigazos y su cuerpo encorvado bajo el peso de enormes cadenas.

Despues, sus creaciones fueron mas complejas. Un domingo fue ciclope y a la mañana siguiente revoluciono todo el barrio buscando el ojo que se habia sacado. Fue tambien mendigo escoces y la gente lloraba al verlo soportar la nieve de Glasgow en la Calle Caracas.
Cuentan que Del Prado, entusiasmado por sus exitos, resolvio seguir con sus disfraces durante todo el año. Dicen que su destreza crecia junto con su crueldad.

Una noche de invierno, los Hombres Sensibles saltaron de alegria al ver reaparecer al Tonio Berardi, el pibe que murio en Paris. Organizaron una gran fiesta, y en el momento en que alzaban las copas para celebrar la resureccion, Del Prado se saco el guardapolvo, se lavo las rodillas, volvio a poner cara de persona mayor y aparecio tal cual era. El ruso Salzman estuvo dos semanas en cama y Jorge Allen casi se queda tartamudo.

EL ultimo Carnaval del Corso Triste, Eladio Del Prado se disfrazo para siempre de recuerdo y nadie volvio a verlo por el barrio del Angel Gris.

La comision organizadora del Corso pronto advirtio que la creacion de Mandeb tenia interesantes posibilidades economicas. Esto resulta un poco sorprendente si se recuerlda la nula capacidad de los Hombres Sensibles para los negocios. De cualquier manera, es un hecho que durante largos años los muchachos del Angel Gris vendieron papel picado. Emplearon la conocida tecnica que ha enriquecido a tantos mercaderes: en la primera jornada las bolsitas estaban llenas de papelitos brillantes e inmaculados.

Cuando termianaba la fiesta, barrian el piso y volvian a embolsar el papel.

Noche tras noche, el producto se ensuciaba y envilecia, hasta que en la muerte del Carnaval las bolsitas estaban llenas de tierra, tapitas de cerveza, caramelos empezados y otras porquerias. Algunos memoriosos creen reconocer todavia hoy en los bailes de Villa del Parque, restos del papel picado primogenio que se vendia en el Corso Triste.

Para contribuir a la pesadumbre de la concurrencia, Mandeb vendia pomos llenos de lagrimas que -si ha de creerse a sus detractores -falsificaba con agua y sal.

Los Refutadores de Leyendas, en su caracter de comparsa racionalista, solian acercarse a la fiesta de la calle Caracas para buscar camorra.

Tosos recuerdan sus afinados pregones:

” Los Refutadores señoras, señores, llegan con sus ritmos y sus silogismos .

Los desafinados a exponer sus ilusiones y a confrontarlas con nuestras refutaciones …”

Las olimpicas razones de la murga encontraban muchas veces contundente respuesta y dentro de un clima polemico y agudo, solian armarse formidables peleas que -por cierto -daban lustre y renombre al Corso Triste.

Año tras año, los Carnavales de la calle Caracas fueron poniendose mas divertidos. Naturalmente, esto provovo su decadencia.
Los Hombres Sensibles de Flores, al observar el jolgorio, comprendian que el proyecto inicial iba camino del fracaso.

La sobria melancolia de los primeros tiempos iba dando paso a sonrisas complacientes cuando no a risotadas sin freno.

Ah! -se lamentaban -¡Carnavales eran los de antes!

Y entonces contaban anecdotas de los corsos de antaño, austeros y silenciosos, comparandolos con la insoportable algarabia que tenian ante sus ojos.

Pero en realidad la verdadera esencia del fracaso hay que buscarla por otros rumbos.

Como ya se ha dicho, lo que buscaban Mandeb y sus amigos era un dejo de alegria que debia aparecer al quitarse la mascara tragica.

Y lo cierto es que nunca encontraron tal cosa.

Cada vez que -con toda ilusion-abandonaban sus disfraces de atormentados, encontraban debajo nuevos tormentos que, para peor, eran reales.

Por eso, comprendiendo que la dicha no estaba en el Carnaval y quizas en ninguna parte, los Hombres Sensibles disolvieron para siempre el Corso Triste de la Calle Caracas.

Hoy, cuando la fama de los muchachos del Angel Gris ya encontro su tumba en los vientos de la estacion Flores, hay-aunque pocos lo adivinen centenares de versos tristes. Y son mucho mas tristes que el de la calle Caracas, pues su tristeza es involuntaria y su proposito es la alegria.

Tal vez ha llegado el momento de comprender qeu los criollos no hemos nacido para cieras fantochadas. Que se rian los brasileños.

Tengamos, eso si, fiestas y reuniones populares. Pero no dejemos de ser quienes somos.

Si nuestra extraña condicion nos ha hecho comprender el sentido adverso del mundo, agrupemonos para ayudarnos amistosamente a soportar la adversidad.

A lo mejor, los Carnavales de antaño, tan añorados por los animadores de la radio, no eran mas que eso: una reunion de gente triste que buscaba consuelo.

Enlaces externos:

Venganzas del pasado

Les Luthiers y Dolina

Frases, algunas

Entrevista

El Gaucho Goofy

Hubo una época donde la Walt Disney se tomaba en serio a sus personajes principales y los hacía protagonizar entretenidos cortos animados en donde atravesaban diferentes peripecias. Mientras que el resto de la troupe se interpretaba a sí mismos, el nunca identificado Goofy tenía el privilegio de ser quién la historia le demandara. Así es como se encuentran aventuras de un humor casi físico (no hay diálogos salvo por la inclusión de un narrador ocasional), muy eficaz cuando uno es apenas la criaturita de Dios que tus padres piensan. Read More