A la vuelta de la página menos pensada: Alejandro Dolina

Aclaremos algo: acá no se va a disertar sobre el Dolina radial, ése que noche a noche invita a un recorrido de humor, cultura e historia que es un verdadero deleite. No, aquí hablaré del sujeto literario con ya varios libros publicados y que, considero, un autor mediocre pero extraordinario.

Dejenme explicar esta dicotomía: cualquiera que haya leído a Borgues, Cortázar o Macedonio Fernández encuentra en Dolina a un disípulo del montón, a veces hasta a un plagiador sin matices que, oculto detrás de la máscara del homenaje, pretende darnos gato por liebre. Todos sus libros siguen una especie de ruta más o menos repetida a lo largo de su narrativa: hay un incidente x sobre el cuál se volverá repetidas veces a lo largo de la obra y, en medio, capítulos autoconclusivos la mar de diversos. Estos episodios que narran aventuras en lejanos orientes y en el barrio de Flores son los que brindan mayor colorido al relato general. Pero carecen todos de cualquier originalidad.

Y entonces, ¿en dónde radica el placer de leer a Dolina? Me gusta su trsiteza, su melancolía, me gusta acercarme a los Hombres Sensibles de Barrio de Flores como si mirara viejas fotos de primaria, me emociona el aire simple del fresco amanecer y la calurosa providencia del bien aventurado. Todas esas cosas, esas emociones de alegría y tristeza, no son la literatura. Pero son Dolina.

¿Sabe por qué defiendo a Maradona? Por personas como ustedOctubre 2009. Tras los polémicos dichos de Diego Maradona

“Una oyente dice: ‘Estimado Dolina, ¿ya no defiende más a Maradona? ¿O acaso ya no hay ningún Sargento Cruz? Vea: Ud. ayudó a alimentar al monstruo que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial. Cordialmente. Ingrid Hammer’.

Mi respuesta es SÍ. Yo he resuelto -después de un extravío- bancar a Maradona en esto. ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde se escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, pero libreteado (y en la televisión ni hablemos), ese mundo se indignó. Esos tipos se indignaron. Y esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente en la vereda de enfrente.

Y lo que un tipo dijo, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, y por su propia condición, después fue repetido ad nauseam por todos los noticieros, con subrayados, subtitulados, duplicaciones, ampliaciones y circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni en estado de emoción violenta, ni perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si lo defiendo a Maradona. Bueno, sí, lo defiendo. Si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.

Y eso de “que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial”… ¡Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa nuestra obligación! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¿Ante quiénes? ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Ante quién tenemos que quedar bien? ¿Dónde esta la Fiscalía del Universo? ¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer!

Y otra cosa: muchas veces, pero muchas, en los medios se dicen cosas muy interesantes. Yo he escuchado casi revelaciones, a veces, dichas por tipos a los que yo admiro mucho. A veces son intelectuales, como, no sé, el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces son artistas, o incluso locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir “pero mirá que bien pensó éste”. Bueno, a esos NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros, con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la BASURA. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco.

Así que ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de indignarse, de enojarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola. Lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! ¡Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona, viejo. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, bueno, es ése, y no Pancho Ibáñez.

Así que sí, lo defiendo a Maradona. Ante usted lo voy a defender siempre”.

El corso triste de la calle Caracas Segun una difundida leyenda, el Carnaval fue alguna vez una fiesta popular, con personas disfrazadas, musica, baile, bromas y murgas. En verdad, cuesta creer semejante cosa. Como quiera que sea, la legendaria gesta ha muerto ya. Sin embargo, como silenciosas habitaciones vacias, han quedado ciertas fechas del almanaque a las que la terquedad general insiste en adjudicar la condicion de carnavalesca. Esos dias son utilizados no ya para festejar sino mas bien para reflexionar y añorar la ausencia de la fiesta.

Se trata, segun se ve, de un curioso destino: pasar del entusiasmo a la nostalgia, de la pasion a la meditacion, de la alegria a la tristeza. Muchos espiritus taciturnos se solazan con este estado de cosas y afirman que la farra y el desenfreno de otras epocas fueron apenas un paso previo e inevitable, cuyo noble fin se cumple ahora, en el ejercicio del recuerdo.

Los Hombres Sensibles de Flores simpatizaban en cierto modo con este criterio. Para ellos el Carnaval no solamente servia para seducir señoritas en las milongas sino tambien para pensar en el paso del tiempo.

Puede afirmarse sin caer en el infundio que esta ilustre manga de atorrantes jamas consiguio entender el sentido de los Carnavales.
Manuel Mandeb pensaba que las gentes se ponian contentas en virtud de algun suceso que todos conocian menos el. Sus amigos padecian un desconcierto de la misma clase.

Esto puede explicar la extraña conducta de los Hombres Sensibles en los corsos y en los bailes.

Durante un rato hacian fuerza para sentirse alegres: bailaban, comian chorizos, se ponian caretas, hablaban con voz finita y mojaban a las damas con pomos de colores. Despues comprendian que todo aquello era inutil y entonces se iban a otros bailes, discutian con los mozos, miraban las orquestas, evocaban antiguos Carnavales y cantaban el tango Siga el Corso. Ya en la madrugada maldecian el Carnaval, se estacionaban en las esquinas desoladas y se burlaban de los caminantes que volvian a sus casas.

Pero una tarde de verano Manuel Mandeb tuvo una inspiracion genial.

Se le ocurrio organizar todos los años el Corso Triste de la Calle Caracas.

Se trataba de una idea interesante: Mandeb pensaba que en los Carnavales vulgares todos disimulaban la tristeza disfrazandose de personas alegres.

Su proyecto consistia en adoptar disfraces y actitudes melancolicas para ver si detras de ellos se instalaba la alegria.

” Si bajo la sonora risa del payaso se adivina siempre una lagrima, es posible que encontremos una sonrisa si sacamos nuestras caretas de victimas”

Si el proposito de Mandeb fue lograr un clima de pesadumbre, hay que decir que lo consiguio. El Corso Triste de la Calle Caracas era francamente tenebrosos. Todas las luces estaban apagadas. Los asistentes deambulaban como sombras fingiendo toda clase de sufrimientos.

Las murgas entonaban canciones tragicas y tangos de Agustin Magaldi.

Los disfraces eran lastimosos: de condenado a muerte, de novia abandonada, de jugador expulsado, de deudor hipotecario, de vendedor de libros y de intoxicado.

Con el tiempo el Corso Triste se fue haciendo mas ambicioso y complejo.

Jorge Allen, el poeta, empezo a escribir versos murgueros con pretension literaria.

“Si parliamo’ del destino bororom bobom bobom…

?Quien conoce su camino?

Bororom bobom bobom….

Nadie puede contra la suerte la ultima carta es la de la muerte borobobom bobom bobom borobobom bobom bobom.”

Los muchachos tristes de otros barrios se acercaron poco a poco y pronto circularon carrozas de hojas secas y automoviles con las ventanillas cerradas.

En el tercer año, se constituyo un jurado y se realizaron concursos y torneos.

Las comparsas se sacaban chispas para ver cual era la mas deprimente.

Los Lonyipietros del Desengaño, los Decrepitos del Mañana y Chispazos de Soledad fueron las agrupaciones mas renombradas.

Las reinas del corso eran bellisismas, pero inaccesibles y perversas. El premio anual de mascara suelta lo gano siempre el mismo individuo Hablamos -desde luego -del celebre actor Eladio del Prado, quien no tenia rival en la tecnica de la caracterizacion.

Sus primeros disfraces fueron sencillos. Una noche aparecio disfrazado de esclavo persa y todos se condoliana al ver su espalda surcada de latigazos y su cuerpo encorvado bajo el peso de enormes cadenas.

Despues, sus creaciones fueron mas complejas. Un domingo fue ciclope y a la mañana siguiente revoluciono todo el barrio buscando el ojo que se habia sacado. Fue tambien mendigo escoces y la gente lloraba al verlo soportar la nieve de Glasgow en la Calle Caracas.
Cuentan que Del Prado, entusiasmado por sus exitos, resolvio seguir con sus disfraces durante todo el año. Dicen que su destreza crecia junto con su crueldad.

Una noche de invierno, los Hombres Sensibles saltaron de alegria al ver reaparecer al Tonio Berardi, el pibe que murio en Paris. Organizaron una gran fiesta, y en el momento en que alzaban las copas para celebrar la resureccion, Del Prado se saco el guardapolvo, se lavo las rodillas, volvio a poner cara de persona mayor y aparecio tal cual era. El ruso Salzman estuvo dos semanas en cama y Jorge Allen casi se queda tartamudo.

EL ultimo Carnaval del Corso Triste, Eladio Del Prado se disfrazo para siempre de recuerdo y nadie volvio a verlo por el barrio del Angel Gris.

La comision organizadora del Corso pronto advirtio que la creacion de Mandeb tenia interesantes posibilidades economicas. Esto resulta un poco sorprendente si se recuerlda la nula capacidad de los Hombres Sensibles para los negocios. De cualquier manera, es un hecho que durante largos años los muchachos del Angel Gris vendieron papel picado. Emplearon la conocida tecnica que ha enriquecido a tantos mercaderes: en la primera jornada las bolsitas estaban llenas de papelitos brillantes e inmaculados.

Cuando termianaba la fiesta, barrian el piso y volvian a embolsar el papel.

Noche tras noche, el producto se ensuciaba y envilecia, hasta que en la muerte del Carnaval las bolsitas estaban llenas de tierra, tapitas de cerveza, caramelos empezados y otras porquerias. Algunos memoriosos creen reconocer todavia hoy en los bailes de Villa del Parque, restos del papel picado primogenio que se vendia en el Corso Triste.

Para contribuir a la pesadumbre de la concurrencia, Mandeb vendia pomos llenos de lagrimas que -si ha de creerse a sus detractores -falsificaba con agua y sal.

Los Refutadores de Leyendas, en su caracter de comparsa racionalista, solian acercarse a la fiesta de la calle Caracas para buscar camorra.

Tosos recuerdan sus afinados pregones:

” Los Refutadores señoras, señores, llegan con sus ritmos y sus silogismos .

Los desafinados a exponer sus ilusiones y a confrontarlas con nuestras refutaciones …”

Las olimpicas razones de la murga encontraban muchas veces contundente respuesta y dentro de un clima polemico y agudo, solian armarse formidables peleas que -por cierto -daban lustre y renombre al Corso Triste.

Año tras año, los Carnavales de la calle Caracas fueron poniendose mas divertidos. Naturalmente, esto provovo su decadencia.
Los Hombres Sensibles de Flores, al observar el jolgorio, comprendian que el proyecto inicial iba camino del fracaso.

La sobria melancolia de los primeros tiempos iba dando paso a sonrisas complacientes cuando no a risotadas sin freno.

Ah! -se lamentaban -¡Carnavales eran los de antes!

Y entonces contaban anecdotas de los corsos de antaño, austeros y silenciosos, comparandolos con la insoportable algarabia que tenian ante sus ojos.

Pero en realidad la verdadera esencia del fracaso hay que buscarla por otros rumbos.

Como ya se ha dicho, lo que buscaban Mandeb y sus amigos era un dejo de alegria que debia aparecer al quitarse la mascara tragica.

Y lo cierto es que nunca encontraron tal cosa.

Cada vez que -con toda ilusion-abandonaban sus disfraces de atormentados, encontraban debajo nuevos tormentos que, para peor, eran reales.

Por eso, comprendiendo que la dicha no estaba en el Carnaval y quizas en ninguna parte, los Hombres Sensibles disolvieron para siempre el Corso Triste de la Calle Caracas.

Hoy, cuando la fama de los muchachos del Angel Gris ya encontro su tumba en los vientos de la estacion Flores, hay-aunque pocos lo adivinen centenares de versos tristes. Y son mucho mas tristes que el de la calle Caracas, pues su tristeza es involuntaria y su proposito es la alegria.

Tal vez ha llegado el momento de comprender qeu los criollos no hemos nacido para cieras fantochadas. Que se rian los brasileños.

Tengamos, eso si, fiestas y reuniones populares. Pero no dejemos de ser quienes somos.

Si nuestra extraña condicion nos ha hecho comprender el sentido adverso del mundo, agrupemonos para ayudarnos amistosamente a soportar la adversidad.

A lo mejor, los Carnavales de antaño, tan añorados por los animadores de la radio, no eran mas que eso: una reunion de gente triste que buscaba consuelo.

Enlaces externos:

Venganzas del pasado

Les Luthiers y Dolina

Frases, algunas

Entrevista

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s