Confesiones de una mente redundante

Estoy un poco aburrido y se me ocurrió esto. Disculpen las molestias ocasionadas.

Mi novia estudia medicina. Por algún motivo decir ésa frase en público hace que la gente me felicite e incluso me aliente a continuar así. Es lindo recibir algo de cariño por parte de extraños, aún cuando no lo merezca. Ésa es la parte buena de tener una novia futura médica. La parte mala es que pasa más tiempo con tipos que pasaron 80 años de su vida entre tubos de ensayo que conmigo. No me malinterpreten, aprecio el loable esfuerzo de pendejos como Blanco, Lambert, Stuart Little o Johnny el Neumonista Crónico sólo que me gustaría preguntarles por qué han decidido dejarme ver el pastel pero no tocarlo… ¿a qué me refiero con eso? Pésima, pésima metáfora. A propósito: no había sido tan amigo de mi mano derecha desde los tiempos en que Venus no era pre-pago. Yo admiro su capacidad de retensión de información, su empuje para atravesar las circunstancias más difícil y aún así estar a la altura de las expectativas. Ciertamente su ejemplo me ha hecho una mejor persona: antes de conocerla creía que los libros gruesos y grandes servían para nivelar muebles.

Otro problema es que sabe más de mi cuerpo que yo mismo, lo cual asusta. No sólo sabe todo acerca de las cosas que salen, sino, lo que es peor: de las que entran. El otro día estaba a punto de morder un delicioso emparedado de queso rancio y salame en mal estado y ella me miró como diciendo: “necesito encontrar una pareja nueva, una que al menos llegue a cumplir treinta”. Tengo 28, dicho sea de paso.

Ella viene de una familia de gente adinerada, no digo que sea millonaria ni nada pero digamos que no ha sufrido grandes carencias en su infancia. Mi He-Man era una rata que antes había amamantado a mi hermana mayor. Fue muy triste el día que se retiró. Me escribió el otro día, está en un asilo para ratas de la tercera edad en Córdoba, muy lindo lugar, me envió algunas fotos. Le pedí que me agregara al facebook y se negó por cuestiones raciales.

Me duele mucho el estómago. Bebí tanto anoche que mi hígado me puso una orden de restricción.

¿Mencioné que estoy muy gordo? Te das cuenta que estás gordo porque hacés la plancha en el mar y la gente empieza a decir “Oh, una isla!” (estoy seguro que me robé de algún lado ése último chiste pero es bastante loable porque estoy escribiendo esto de a como salga y es bueno saber que retengo algunas cosas en mi memoria. Tengo una pésima memoria. Mi memoria oscila entre el olvido y el no me acuerdo. Tengo tanta mala memoria que me ato una cinta al dedo cuando voy al baño, solo para recordar que me tengo que limpiar el culo.

Tengo un amigo que es un obsesivo fanático de la ortografía y la gramática y me va a odiar por no haber cerrado el paréntesis cuando debía) ¿Cuántas veces puse “tengo”? No voy a detenerme a contarlas ahora porque eso significaría hacer ejercicio.

Estoy intentando hacer abdominales pero cada vez que lo intento mis rodillas amenazan con cagarme a trompadas. Y son dos.

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