Jazz Blanco: el agotamiento físico

James Ellroy es dueño de un estilo directo y contundente que le ha granjeado su fama como uno de los maestros del policial negro americano. Su larga trayectoria en las letras y aceptación por parte del público, ha hecho que varias de sus obras hayan conocido adaptaciones cinematográficas. Estoy hablando, por supuesto, de verdaderas pastillas para dormir como L.A. Confidencial y La Dalila Negra.

Sabía de la existencia de este autor pero no había tenido la posibilidad de hacerme con uno de sus libros, hasta que en una mesa de saldos pude dar con Jazz Blanco por apenas ocho pesos (y un globo de regalo). La novela es la última parte del llamado “Quarteto de Los Angeles“, una trilogía extendida (o quinteto reducido, como quieran) sobre los ires y venires del departamento de policia de Los Ángeles entre 1947 y 1958. Si bien son independientes, muchos personajes se repiten o adquieren mayor protagonismo según la obra. Jazz Blanco es considerada como una secuela directa de L.A Confidencial ya que retoma a los personajes del jefe Exley y Dub Smith (de L.A Confidencial) y mantiene la trama de los policías boxeadores (los protagonistas de la Dalia Negra también).



La historia arranca con David Kleim policía corrupto y amoral que tiene que debatirse entre sus amistades con la mafia (Mickey Cohen, persona real ya usada por Ellroy en L.A) y las presiones de las diferentes fuerzas dentro de la DPLA (David queda en medio del fuego cruzado entre los departamentos de Exley y Smith, rivalidad que vió su génesis también en L.A). Además, hay una femme fatal por la que daría su vida y una hermana con la que mantiene una complicada relación incestuosa. Ellroy narra desde el punto de vista de Kleim con un estilo duro y conciso que lo lleva a crear frases de apenas dos o tres palabras, casi telegramas o haikus que chorrean sangre. Esto es un gran acierto ya que agiliza enormemente la lectura y permite una mayor interacción con el lector.

El problema que estoy teniendo con la novela es que los giros argumentales, las vueltas de tuerca y los conflictos a punto de estallar son tantos que me veo completamente agotado con cada parte que leo. Voy nada más que 180 páginas (de casi 400) y la angustia que me provoca el lento avance de la trama principal (la investigación de un altercado en el domicilio de un traficante que es también soplón del FBI) llegan a límites desesperantes! Si era intención del autor agobiar al lector, lo consigue con creces. Uno necesita de una cerveza helada y un baño refrescante después de tan solo leer la primera parte (de cinco). Para colmo de males, decidí comenzar esta novela en pleno verano con unos 35 grdos de sensación térmica. En mi vida había transpirado tanto con sólo estar sentado abajo de un aire acondicionado. Esta novela es tan demoledora que ya ni quiero acercármele pero me tienda la poderosa imagen del vacío que presenta. Es un vicio. Agotador. Desesperante. Insufrible. Si alguna vez llego al final, me consideraré un hombre rico… o un idiota al que algo tan abstracto como una novela lo desespera al punto del suicidio.

Lo que ocurra primero.

ACTUALIZACIÓN: Lo terminé!!! Y salí peor de lo que imaginaba. Totalmente recomendable

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