Diario de un adicto al dinero (temporada dos)



Debo haber sido maharaja en mi otra vida. De esos que dormían con 70 virgenes por noches y disfrutaban de los placeres más exquisitos y prohibidos del mundo. Es la única explicación posible para que en este momento, me encuentre destapando un inodoro sin más ayuda que un fósforo usado. Sí, debo haber tenido una maravillosa vida pasada.

Mientras mis manos se hundían en no-quiero-saber-qué y el sudor me caía de la frente cual cataratas del niágara, tuve que preguntarme: ¿qué desdicha del destino cruel, juego fortuito de la suerte, me había puesto en esta situación?

Tras perder dos trabajos en un mismo año, mis energías estaban enfocadas a empezar el nuevo año con mejor karma. Pasada las semanas de fiestas navideñas y findeañodeñas (en donde mi nivel de intoxicación hizo que mi alcohol tuviera un dos por ciento de sangre en el cuerpo), comencé el ritual antiguo de autopromocionarme. Tan mal no me fue porque en menos de dos días, tenía pautada una entrevista para un importante call center de atención al público.

La entrevista era a desarrollarse en una selectora de personal temporario. Entré a una pequeña antesala de varias sillas donde tuve que completar un formulario que me preguntaba exactamente lo mismo que había detallado en mi c.v. Junto a mí tenia sentado a Oscar, un corpulento turco de unos cuarenta años que no paraba de hablar del tiempo que había pasado en la cárcel por pedir pollo a la naranja sin el pollo y sin la naranja (una clara violación al código 45-67, párrafo 8, sección 27, del Reglamento de Convivencia pautado por la Industria Gastronómica y Afines) (conocido en la jerga del negocio como “ser un cliente pelotudo”). Escuchado mi nombre me acerqué al escritorio de una muy amable señora de las cuatro décadas que me dijo:

Ay! Pero qué maravilla! Sí, este proyecto es para vos. Mirá! Trabajás de lun a vier, cinco horas, con un básico de 3000! Además vos tenés experiencia como soporte técnico y data entry! Sí, esto es ideal para vos! Y la incorporación es in-me-dia-ta ya que hay una sola vacante!

Quise saber quién era su dealer.

Me programó una entrevista con la responsable de recursos humanos de la empresa para el otro día. Esta vez se trataba de una niña de apenas dos décadas que tenía un extraño aire al dueño de la empresa (cuya foto ví en el lobby, en un cuadro enorme que lo enfocaba sin remera, del ombligo hacia arriba). Me dijo:

Ay! Pero qué maravilla! Sí, este proyecto es para vos. Mirá! Trabajás de lun a vier, cinco horas, con un básico de 3000! Además vos tenés experiencia como soporte técnico y data entry! Sí, esto es ideal para vos! Y la incorporación es in-me-dia-ta ya que hay una sola vacante! Te anoto acá para que veas a la psicologa y después venís y hablás con la súper-visora del proyecto!!!

La psicóloga era una mujer de pasadas por largo las cuatro décadas, consumida por el cigarrillo y el alcohol y sin casi resistencia a la luz. Me dijo:

¿Qué tienen en común una mosca y un árbol?

Que hay una n en ninguno y una a en ambos respondí.

La entrevista con la Súper-visora me causó dos impactos. El primero fue comprender que entraba un rayo de luz esperanzador en mi vida, que finalmente había logrado la promesa de una estabilidad tanto económica como mental, esto significaría mi propio oasis personal del ruido, la podredumbre y la escases del mundo moderno. Ella me dijo:

Ay! Pero qué maravilla! Sí, este proyecto es para vos. Mirá! Trabajás de lun a vier, cinco horas, con un básico de 3000! Además vos tenés experiencia como soporte técnico y data entry! Sí, esto es ideal para vos! Y la incorporación es in-me-dia-ta ya que hay una sola vacante! [suena el teléfono] Disculpame un segundito… ¿Hola? Luciana, mi vida, como estás?!… No! en serio? Hoy te echaron? No, no llorés, no es necesario que vuelvas a la casa de tus viejos en Palmas del Pilar. [me clava la mirada y susurra] Acá hay un puesto disponible… Seguro, vos sos mi mejor amiga, no? Dame un segundo [apretó unos números en su teléfono y mientras me miraba casi sin pestañar dijo:] Seguridad? Sí, necesito que echen a alguien a patadas.

Y ahí fue el segundo impacto…

Tu bi contiñiu

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