El novio de la estudiante de Medicina

FABRIZIO Y ESTEFANO

Lourdes era todo lo que había soñado encontrar en una mujer. Su belleza natural y predisposición a la risa la convertían en un encanto de compañía allí donde estuvieran. Era inteligente, sencilla, adorable, cariñosa y producía la envidia de todo el que lo veía a su lado. Fabrizio comprendió de inmediato que estaba ante una perla única en el mundo, su pequeño trozo del Paraíso.

La había conocido durante unas vacaciones en Mar del Plata. A pesar de que pasaron pocos días juntos, ambos sintieron la comodidad y el placer de ser inseparables. Cumplieron la promesa de re encontrarse en Capital Federal y ver si podían mantener tan idílico romance. Hubo actualizaciones de sus respectivos estados de relación en Facebook, planes a futuro y apariciones públicas en donde cada uno era presentado como el novio / a del otro. Aunque las horas repartidas entre trabajo y estudio les impedían verse tan a menudo como se los dictaba el corazón, el comienzo del periodo de exámenes terminó por separarlos.

Fabrizio casi no podía ver a Lourdes, tan ensimismada estaba ella en sus estudios y exámenes. Semanas pasaban en donde el único contacto era por medio de mensajes de celular, o citas de media hora programadas con tres días de anticipación.

Fabrizio pidió consejo a su amigo Estefano, ya que no podía ver solución a la tremenda desdicha que le provocaba no ver a su amada.

-Me apena saberte en esta situación. Lourdes es una muchacha maravillosa, los ve observado interactuar y se complementan a la perfección. Me dio mucha alegría verte tan feliz y rebosante de buen humor. Pero estos últimos días te noto oscuro y angustiado, como si nunca la hubieras conocido.

-Es tanto peor: es como si el Cielo se abriera ante ti y luego se esfumara. ¿Podría un hombre vivir después de semejante visión?, ¿cómo encontrar placer en los días mundanos cuando has visto lo que depara el Paraíso?

-¿Ella siente igual?

-La creo sincera cuando me dice que me ama y que ella también ve este tiempo separados como una tortura. Pero, aún así, tiene sus estudios, responsabilidades y miles de cosas de las que no formo parte. Soy demasiado nuevo en su vida.

-¿Y qué te dicta tu corazón?

-Me dice que no puedo seguir soportando este abismo entre nosotros. La quiero para mí, Estefano, sólo para mí. Siento que estoy compitiendo contra un enemigo muy poderoso al que no puedo golpear. La agonía que sufro si nos separamos será inmensa pero el tiempo podrá curar la heridas, espero, y sino el alcohol bien puede confundirlas un poco.

-No te precipites amigo. Ven, necesitas respirar, salgamos a beber algo. La cerveza fría bien asentará tus ideas.

Llegaron a un pequeño bar y se acomodaron en una pequeña mesa no muy lejos de la barra. Fabrizio estaba tan hundido en sus pensamientos que no notó cuando Estefano invitó a sentarse con ellos a una hermosa mujer.

-Este es mi amigo Fabrizio –dijo Estefano mientras apuraba su copa-, creo que ustedes deberían hablar.

-Hola, mi nombre es Magdalena –dijo la mujer con voz acaramelada-. Tu amigo me dijo que estabas deprimido.

-Palabras sabias las de Estefano, además de pies ligeros. No entiendo cómo ha desaparecido tan rápido.

-Dejalo, los amigos son mejores si saben cuando hacer mutis. Invítame una copa y te dejaré contarme tus secretos.

La embriagadora mirada fue demasiado para las defensas bajas de Fabrizio, con un movimiento rápido hizo traer dos cervezas a la mesa.

-Supongo que debo empezar por la raíz del problema: soy novio de una estudiante de  Medicina.

-No digas más –interrumpió cortés pero firmemente-. El tiempo que te dedica te parece insuficiente y amargo, casi a las corridas te brinda su amor y apenas tienes tiempo a acostumbrarte a su presencia que ella ya ha partido.

-¿Has sufrido tú también este flagelo?

-No yo misma. Pero he sufrido por igual ante circunstancia diferentes. Verás mí querido amigo: yo soy arquitecta. No puedo decirte la cantidad de veces que un  hombre cautivó mi ilusión. Promesas de amor incondicional, futuros compartidos de comprensión y cariño puro. Mi corazón se ha marchitado ya tantas veces culpa de hombres que no han podido soportar la carga de mi vocación. Sufrí celos, desplantes, aberraciones de la palabra que ninguna mujer debería escuchar jamás. Ellos alegaban que los traicionaba con algún amigo, alguna conquista fortuita. En realidad, tenían celos de mi apasionado romance con la arquitectura. Muy pocos hombres verdaderos pueden entender eso. Dime, Fabrizio, ¿quieres a esta novia tuya al punto de renunciar a ella?

-Sí –dijo Fabrizio asombrado un poco de su rápida respuesta.

-Entonces, sabrás que los caminos del destino son muchos y complicados. Nadie sabe lo que deparará el día de mañana. Si tu amor abandona aquello que la hace feliz para estar contigo, seguro te sentirás alagado y seguro de ti mismo. Serás un hombre que ha podido dominar todos los aspectos, tanto físicos como mentales, de una mujer. Hurras por ti serán cantadas entre tus conocidos. Pero, ¿y si tu amor se acaba?, ¿si abandonas a esta chica a medio camino de la nada? Piensa qué será de ella cuando se encuentre vieja, amargada y sin haber logrado nada para con su vida…

Tales palabras dieron nueva luz a los pensamientos de Fabrizio. Besó larga y profundamente la mejilla de Magdalena y le agradeció sus consejos. Luego tomó la resolución de ser aquel que Lourdes necesitaba. No por amor, sino por él mismo.

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