Diario de un adicto al dinero (temporada dos)

El i-pod del Jesús cubano

Tú tienes que escucharme esto: aquí en mí mano tengo el i-pod que me trajo de contrabando mi abuela. Se fue dos meses a miami beach y volvió con esto escondido en el trasero, me dijo “Jesucito, tú sabes que has sido un niño bueno y como tal, aquí tienes tu recompensa. Ponte esos guantes de hule y seamos felices los dos”. Yo quiero mucho a mi abuelitica. Pero la solitaria no es lugar para que un negro escuche ABBA, así que yo y un amigo, que es manco pero sólo de la mano derecha, decidimos escapar hacia la libertad. En Florida nos pasamos los primeros tres meses comiendo basura, hasta que alguien nos explicó lo que eran los restaurantes. Trabajé de mozo, carterista, parrillero, encargado de un seven eleven, músico de jazz, bandolero, técnico agropecuario y barnizador de rascacielos. Dormía los Domingos. No podía aguantar semejante ritmo, y eso que llego el baile en las venas, no te engañes. Encima mi amigo fue descubierto por un agente de Hollywood, se cambió el nombre a Angelina Jolie y escuché que está a los besos con un rubio de ojos celestes. Pinche mierda de suerte la mía, pensé, y me dí cuenta que los States no eran para mí. Cargué al hombro mi i-pod y me fuí, así sin nada, pura vida, como había venido. Los pies me llevaron a Bolivia, Colombia, El Salvador y terminé en estas pampas que lo único que tienen de mi isla solitaria es la tristeza. Y yo sólo tenía mi i-pod. Así que fuí puerta a puerta pum pum pum “señora, no tiene un trabajito para este pobre negro?” pum pum “señora, no tiene un trabajito para este pobre negro?” hasta que encontré a un viejo que me dió casa, comida, ropa nueva, y yo me podía bañar, afeitar, cargar mi i-pod y subirle música nueva. De vez en cuando yo tenía que cogermelo al viejo pero sólo porque me va de madre ser parásito. Y hablo en el sentido argentino de la palabra, tú me entiendes. Pero me cansé. Yo: un rato está bien pero todo el tiempo, no, no, cosa mía no es. Así que volví a golpear puerta y una de esas fue acá y yo dije: “hay trabajo para un pobre negro?” y me hicieron pasar, me dieron uniforme y ahora trabajo de ocho de la mañana a dos de la madrugada pero yo sé que esto es así, ya me vas a ver en siete meses. No te creas que a mí me gusta esto de trabajar. Yo en la solitaria estaba panza arriba y al sol, tarareando dancing queen y tomandome alguna cosita fresca. Pura vida y más nada. Y todo esto te lo digo porque si llego a encontrar que vuelves a usar mi queridísimo i-pod como el poza vaso de tu sucia, imperialista y asquerosa coca-cola, te la voy a meter por detrás tan adentro que tus pensamientos me van a dar un besito en la punta antes de poder hablar, ¿Entiendes?

Nota mental: alejarme de Jesús

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