Ratas

Acabo de apersonarme tres milagros de la literatura en El Ateneo, los cuáles me costaron un hombro, una pierna y el llanto de un niño protestante. Después de cobrarme, el panzatronick  del mostrador pone los libros en esas bolsitas tan preciosas que degradan el medio ambiente y, como coronario de una transacción exitosa, me pone tres señaladores… no uno, no dos ni cuatro… tres, uno pa cada novela.

Muchacho, te dí una cantidad monetaria equivalente al PBI de Australia y así me demostras tú generosidad?! Y todavía el cafisho de seguridad tuvo el tupé de decirme: “Señor, la sección de arquitectura no es baño público”. Habrase visto semejante raterío!!!!

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