Algunos apuntes sobre la piratería…

Hace pocos días me enteré que Lucía Etxebarría dejaba de escribir libros porque no quería “pasarse tres años trabajando como una negra para que después todo el mundo se descargue sus libros en lugar de comprarlos”.

No tenía idea de quién era esta mujer, mucho menos que escribía, mucho menos que lo había dejado. Culpa de la piratería digital, ¿culpa de la piratería digital? Dado que el porcentaje de venta que reciben los autores por sus obras son ínfimos comparados con la fortuna que hacen las Editoriales, distribuidoras y agentes literarios, es un poco infame culpar a la piratería. Hoy por hoy, escribir un libro sólo es un puente para poder escribir otro, para crear un lector, para darse su lugar en el medio.

Investigué sobre esta mujer, sus obras y ventas. Y, la verdad, no es ninguna Coelho o Dan Brown o la inventora de Harry Potter. Esto no le quita mérito como escritora, es más no significa nada (los tres que acabo de mencionar son de lo peor que se puede encontrar en cualquier librería) pero, bueno, es ella la que dice “me están robando, yo podría tener xx cantidad de dinero y sólo tengo x” (aclaro que los tres impresentables cobran XXXXXX por lo suyo) (para hacerlo más real: cada ejemplar de “Un milagro en equilibrio” cuesta en España 21 euros, de los que ella recibe sólo 2).

¿Y entonces? Qué está en juego verdaderamente cuando se habla de piratería?, estamos hablando de autores que pierden dinero o de editoriales y sistemas de ventas? Leyes como la Sinde o Sopa (en USA) a quién defienden?, a gente como Lucía o a personas para las que “vaya” y “valla” son lo mismo?

Las opiniones son dispares y muchas. Personalmente, soy de los que cree que las obras artísticas deben y tienen que difundirse gratuitamente por internet. Y que esto, lejos de influir negativamente en las “ventas”, garantizan una mayor cantidad de “compradores” potenciales. Porque el objeto libro seguirá siendo siempre el mismo, y tendrá mucho más valor sobre cualquier fusión de ceros y uno. Pero también es cierto que los precios de la literatura actual son obscenos. Doscientos morlacos argentinos por una recopilación de cuentos de Navokov, otros ciento cincuenta por una novelucha con pelos en la lengua escrita por un austríaco cocainomano. Cuarenta pesos por una recopilación de cuentos leídos por Borges. Setentaicinco por la obra de teatro palurda, pero muy prestigiosa, que no alcanza las 100 páginas. ¿Y qué obtenemos a cambio? Encuadernaciones pobres y endebles, pésimas traducciones, hojas de mala calidad, y eso sin contar que, muchas veces, el material está mal seleccionado, no hay prólogos ni estudios de ninguna clase precediendo la obra.

Los libros que valen la pena, serán comprados. Los que no, ni pirateados.

Se viene un nuevo mundo. Primero el arte gratis, después… sólo Jaume Sisa sabrá.

Enlaces externos:

Gutemberg ondeó la bandera pirata

Historial original

Para Lucía

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