(caSiNo ROyalE 1967)

Hace cuarenta años, Columbia Pictures planificó realizar la más ambiciosa, grandilocuente y esperpéntica comedia del mundo. Tenían los actores, tenían los escritores, tenían el personaje icono del momento… no les pudo salir peor.

Un poco de histeria (que no historia)

En 1317 las tropas del Zar Ruso Sviatoslav III invadieron Moscú confundiéndola con Bruselas. La victoria alegró muchísimo al Zar, ya que podía visitar el nuevo territorio sin abandonar la capital del Imperio. Cuenta Eric Hobsbaund que, aunque el error fue subsanado en 1318, todavía hoy existen rusos que, residiendo en Moscú, afirman hacer patria en Bélgica. Y aunque esto nada tenga que ver con el presente artículo, ya sabemos la causa real de la derrota soviética en la Guerra Fría. Y es que de eso se trata.

Peter Sellers y Ursula Andrews

La frase es “nada nuevo bajo el sol”. Esto lo sabía bien Ian Fleming, ex-espía inglés, cuando se decidió a vivir de la literatura. Sus libros ofrecían una mezcla entre espionaje de corte clásico, ciencia ficción, ambientes exóticos y consejos para criar vacas en el Japón. Además de, claro, un protagonista como James Bond: británico hasta las heces, Don Juan, bon vivant y asesino escrupuloso. Toda una britanización del género.

En 1954, unos alegres muchachos de la CBS decidieron adaptar la primera novela del conjunto como parte del programa Climax Theatre. En cuarenta y cinco minutos de televisión en vivo, se llegó a ver como el americanísimo Jimmy Bond experto jugador de Bacarat (pero nada más) deja en banca rota al banquero de criminales Le Chiffre que pasa a torturarlo por ello pero a la final los buenos ganan y los malos no. La adaptación es desastrosa por donde se la mire (sobre todo de frente) (quién levanta un poco es Peter Lorre como Le Chiffre pero ni tampoco) y ninguno de los directivos de la cadena se molestó en adquirir los derechos de las demás novelas. Todo quedó en el olvido.

Le grande Orson Wells

Hasta 1964. Mientras Truman Capote escribía la última parte de su última gran obra, se estrenaba mundialmente Goldfinger, tercera aventura fílmica del Connery como el Bond. Y fue un éxito tan asqueroso e inesperado, con parvadas de gente haciendo cola para verla, que asaltó al mundo por sorpresa. En escasos 111 minutos (para los estándares de hoy día) la franquicia se convertía en icono pop, blockbuster milimétrico, clásico, forma y pro forma, en una palabra: el universo quería su pedacito de 007. Y es ahí donde los productores comienzan a buscar los derechos para las demás novelas de Bond y se encuentran con que, de la carpeta de opciones, faltaba una.

Casino Royale todavía le pertenecía a la Columbia Pictures y, como bien temían los productores de la serie, tenían la opción de comenzar su propia Bond-Saga. Sí, se puede vivir en otra parte del sistema solar. El nuevo proyecto recayó en Charles K. Feldman quién tenía en su currículum películas como Un tranvía llamado Deseo y La comezón del séptimo año; y venía de levantar sus buenos billetes con What’s New Pussycat (movie que contaba con Woody Allen como libretista y con Peter Sellers como protagonista) (la rima es totalmente involuntaria)

La idea original del caballero era, en efecto, una nueva serie del doble 0 paralela a la oficial pero ciertos impedimentos (léase: Eon, la productora de la serie oficial) volvieron dicha opción más que improbable. Por lo que Feldman decidió regurgitar un esquema que ya le había funcionado antes: alocada comedia de tintes psicodélicos, musicalizada por Burt Bacharach, apoyada por un cast multiestelar y argumento surrealista.

Alocada comedia de tintes psicodélicos, musicalizada por Burt Bacharach, apoyada por un cast multiestelar y argumento surrealista.

Eso era What’s New Pussycat (1965) además de un éxito. Tonces, Feldman encaró el proyecto de igual manera pero enfocándolo desde abajo. Partió el argumento de la novela original en diferentes capítulos que entregó a diferentes equipos creativos. Así, en un intento por crear una obra “larger than life”, cada equipo debía improvisar sobre el material de Fleming y dominar el mundo (o, al menos, ingresar muchas personas en las salas de cine).

El principal problema era el guión. Esta primera novela de Fleming era algo torpe en su desarrollo, bastante mal resuelta y, sobretodo, la trama presentada no podía estirarse a más de unos cuantos minutos fílmicos pero no, chaleco, a toda una película. Por lo que había que rellenar y ahí surge el segundo problema: ¿con qué?

A la trama novelesca, agregaron algo como que matan a los espías de todos los servicios secretos y estos, desesperadísimos, deciden acudir al único que puede salvarlos: Jack Bauer. Bueno… no, pero seguro que el tipo resolvía todo en menos de 24 horas (sí, acaba de leer el peor chiste de la historia. Gracias) Alguien sabotea el encuentro con una bomba y todos dan por muerto a yasabesquién. Con esto a su favor, David Niven (que hacía de yasabesquién) decide hacerse cargo de la investigación pero, para despistar a sus enemigos, despliega varios agentes haciéndolos pasar por él. Uno de ellos es Evelym Tremble (Peter Sellers) que lo suplanta en la partida de baccarat en el Casino de Montecarlo. Sobre el final, Sir descubre que el mastermind es su propio sobrino Jimmy (Woody Allen), en una de las vueltas de tuercas más estúpidas jamás escuchadas un sábado.

Como comedia, la movie no termina de arrancar nunca. Sufre de un vaivén bastante errático entre surrealismo (indios que, previa caía en paracaídas, se ponen a bailar disco en medio de una bataola), psicodélica (la tortura a Bond / Tremble) y bajones de ritmo impresionantes que terminan aburriendo. El peor enemigo del proyecto termina siendo su propia logística de vanguardia: secuencias que acaban abruptamente o que carecen de cualquier coherencia con lo anterior, perdida de ritmo, demasiadas diferencias creativas entre los segmentos… incluso para una comedia lunática, los desvaríos de la trama exasperaban a cualquiera.

Otro problema era su protagonista: un Peter Sellers que ya venía cuesta a bajo en su carrera. A sus divismos insoportables, entre el que se destaca no querer filmar escenas con Orson Wells, se agregaba el que rehusara repetir sus monerías tipo inspector Closseau (por las que había sido contratado) Por esos días, el actor deseaba utilizar Casino como la plataforma para darle un vuelco a su carrera. Pronto se daría cuenta de que era requerido para repetir / reciclar / recalentar sus anteriores performances por lo que decidió hacer lo más inteligente, maduro y profesional que pudo: ausentarse días enteros de las filmaciones, discutir con los directores, malentonar a sus coestrellas y ni molestarse en seguir el guión (de por sí inexistente). Terminaron echándolo de una patada. Savia decisión, si no fuera porque dejaba inconclusa todas sus escenas. Detalles.

Tampoco les fue bien con Woody Allen, quién largó todo en medio de una escena y se volvió a Nueva York vestido como su personaje.

Woody Allen a punto de ser fusilado

Sin ser un fracaso total de taquilla, el terrible resultado creativo significó el final de la locura masiva por el doble 0. Incluso, no faltó el critico que pronosticó el final definitivo de toda la franquicia doble O. Y no era algo tan desbocado ya que, dos años después, se estrenaba On Her Majesty’s Secret Service con George Lazenby como Bond que resultó un fracaso de taquilla impensado.

Muchos años más después, Sony se comió a MGM (dueña de la serie original) y a Columbia, obligándolos a que dejaran sus diferencias de lado en pos de beneficiar a la franquicia. Pero ésa es otra historia.

Para que se den una idea de cómo funcionaba el plan de Feldman, voy a tirarles unos pequeños datos:

  • El hecho que impulsó el despido definitivo de Peter Sellers fue que el actor pidió, en una cena de la productora, un sofflé de queso sin el queso ni el sufflé.
  • Además de Sellers, otros James Bond fueron Ursula Andress (que también hacía de Vesper Lynd), Daliah Lavi y Terence Cooper
  • Cuando está por ser fusilado, Jimmy Bond suelta el hoy clásico “Mi médico me dice que las balas entrando en mi sangre pueden ser fatales para mí. ¿No sabe que tengo baja tolerancia a la muerte?”, totalmente improvisado.
  • De los seis directores a cargo del proyecto, sólo dos dirigieron a Peter Sellers: Joseph McGrath y Robert Parrish.
  • Val Guest dirigió las escenas de Woody Allen y Richard Talmadge fue llamado a último momento para filmar la última secuencia.
  • Además de los tres guionistas acreditados, otros siete aportaron sus talentos. Entre ellos Terry Southern y Billy Wilder.
  • La trama original de la novela está reducida a un par de escenas, la mayoría protagonizadas por Sellers y todas inconclusas debido a la partida del actor.
  • El film duró 131 minutos y su presupuesto fue de 12 millones de dólares, muchísimo más que cualquier film de la serie original hasta ese momento.
  • Hoy por hoy, es casi imposible mirar la película en una sola sesión. Los psicólogos lacanianos, recomiendan verla en bloques con los ojos cerrados, para ver si mejora. Los discípulos de Freud, aseguran que conviene bajarse una botella de vodka antes del comienzo de cada secuencia.
  • Marlon Brandon dijo, en su momento, “no la vi”.
  • Truman Capote estornudó.
  • En 2006, Daniel Craig llevó a buen puerto una versión más seria de la novela.

Enlaces externos

Casino Royale (2006)

Web Al Servicio Secreto de su Majestad (altamente recomendable)

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