(el negocio de River en la B)

No me gusta el fútbol. No le veo la gracia, nunca lo haré. Lo que sí me interesa es el movimiento social alrededor del juego. Cuando River descendió a la B Nacional, yo estaba plétoro de alegría: por fin algo improbable, curioso e interesante ocurría. Un mundo de posibilidades se abría en el curso del año que durara la “campaña” del equipo en segunda división.

Tras lo imposible, la violencia. Al no poder superar una derrota, los frustrados hinchas del millo salieron a destrozar todo lo que tenía delante. No puedo decir que me hayan sorprendido. Lo que sí shockeó mi capacidad de comprensión fue el exacerbado “patrioterismo” con que sus simpatizantes encararon el desafío. Compraron más merchandising oficial, pagaron ridículos montos para ver los partidos, festejaron con orgullo y loor la cantidad de nuevos socios que se incorporaban al club. Todo esto mientras los culpables de manipular a su equipo de miles amores, no contentos con acumular beneficios incalculables a sus arcas jamás pidieron ni las más mínimas disculpas.

Somos, lo que dejamos que nos hagan.

Rescato de Taringa este interesante artículo acerca del descenso de River. Sigo sin saber por qué los culpables de manipular a la gente y robarles su dinero, siguen libres y contentos. Tampoco entiendo por qué un hincha del Club compraría merchandising oficial, pagaría una entrada o siquiera se haría socio.

Transcripción literal de la redacción de @yonolvido para Taringa (cada dato lo pueden consultar haciendo click en la palabra que está unida a su fuente) Read More

(Batman: Forever Alone)

Tras el estreno de The Dark Knight Rises, recordamos la otra Batman III en un artículo que los hará reir, llorar y cantar en orden opuesto a nuestras intenciones.

Advertencia: esta imagen nada tiene que ver con la película.

Aunque Batman Returns (Id, Tim Burton, 1992) funcionaba bien en la taquilla, la película se convirtió en una pesadilla para la Warner. La visión de Burton era única y especial, además de imposible de vender. McDonalds se negó a incluir al producto como parte de su cajita feliz y la figura del Pingüino se excluyó de la línea de muñecos artículos. Por poner dos ejemplos, y sin contar las protestas de padres horrorizados por la ambigüedad sexual, la falta de moral y la oscuridad del filme. Para los productores, había un sólo responsable de tamaña pérdida de circuitos comerciales: Burton.

A pesar de estar dispuesto a dirigir la tercera parte, los productores le dijeron algo así como “vos no querés volver a esto, te conviene seguir con tus propios proyectos, de onda“. Indirecta entendida. Gracias. Michael Keaton también estaba poniendo en duda su participación: primero, quería 15 millones para calzarse de nuevo el traje y, segundo, demandaba una parte de las ganancias. Si le dicen boludo al pibe.

La salida de Burton no cayó bien entre los fans. Mal que mal, la visión oscura de californiano traía respetabilidad al personaje. De repente, todos esos niños de 40 años podían mostrar sin miedo sus comics al grito de “Ven? Batman es algo serio!“. Que pretendieran cambiar eso, fue tomado como una afrenta contra el alma nerd de principios de los noventa. Igual, el peso del fanático era nulo por aquellos días y nadie prestó mucha atención. Después de todo, Batman era un producto para niños toda la familia.

Sale un gótico, entra un diseñador de modas. Joel Schumacher, señoras y señores, el Schumy de ahora en más, deseaba traer luz al universo del murciélago. Y tenía, además, un punto a su favor que todos se han olvidado: él sí leyó comics de Batman.Se reunió con Keaton para ver si podía hacer avanzar el proyecto pero el choque de visiones (y ciertas pretensiones monetarias) dejó trunca la posibilidad. Aún así, la Warner anunció Batman Forever para el `95. Read More

(Los Simuladores, parte II)

Segunda parte de nuestro recorrido por la carrera armamentística del programa.

Promediando el primer año de emisión, D’Elia, Peretti, Fiore y Seefeld pasaron de ser “actores secundarios” a Famosos. Hacían apariciones especiales en otras series, sufrían programas homenaje, participaban de concursos de juego, etcétera. Aparecían hasta en la sopa y nadie se cansaba. La noticia de que el segundo año de Simuladores sería también el último, tomó a mucha gente por sorpresa. Se habló de peleas de ego, problemas de presupuestos, dificultad para vender productos derivados (remeras, muñecos, boludeces al respecto).

Las verdaderas razones del final fueron expuestas muchísimas veces por Szifrón, aunque su voz quedó tapada entre todas las demás opiniones. Lo cierto era que las ideas se comenzaban a agotar y la cantidad de capítulos memorables (donde todos los resortes argumentales funcionaban de mil maravillas) se redujo a momentos específicos de algunos episodios.

Segundo ciclo

Con el motor aceitado, Szifrón y compañía deciden acortar el tiempo de los operativos y aportar dos sub tramas paralelas, una anecdótica y la otra que fuera a ir desarrollándose a lo largo de estos nuevos trece capítulos.

Por un lado, la serie va exagerando aún más los rasgos característicos de cada personaje. Santos se vuelve aún más melancólico, metódico y obsesivo; Medina alcanza cuotas de cursilidad vergonzantes, Ravenna se vuelve un hombre sin ninguna preocupación en el mundo. El único con “verdaderos” problemas es Lampone, cuyos conflictos se convierten en relevantes para ciertos capítulos y son sus propias inseguridades lo que servirá de excusa para la disolución ficticia del grupo.

La segunda línea argumental, es más seria: Milazzo, un estafador a quién el grupo sacaba del negocio enviándolo un año al impenetrable chaco-salteño, descubre el engaño y decide cobrar venganza. A través de sus averiguaciones, conocemos un poco más el pasado del grupo y las razones de Santos para crearlo. Aunque todo sigue bajo un halo de misterio e incertidumbre.

Como decía en líneas anteriores, los agujeros ueros argumentales se comienzan a ver y muchos operativos ocurren casi “por que sí”. A pesar de mantener una calidad artística incomparable, la serie se reciente. La popularidad del show seguía en alza y la gente seguía el programa con devoción. Muchas personas esperaban el anuncio de la película, en cualquier momento. Incluso se llegó a especular que el capítulo final no sería sino un puente para Los Simuladores The movie. No por nada, el capítulo once terminaba con un destino incierto para los personajes. Read More

(Los SimULadOREs, parte I)

En el año 2000, un grupo de actores se cansaron de esperar que la montaña fuera a Mahoma y decidieron armar ellos mismos una serie de ficción. Lo que empezó con una idea chiquita, terminó convirtiéndose en el mejor programa de la televisión argentina y un fenómeno popular que, al día de hoy, diez años después de su estreno, sigue vigente.

Una de la máximas del arte es que sino existe el medio para expresarte, tenés que crearlo. Más o menos, eso rondaba por la cabeza de Alejandro Fiore cuando le propuso a Martín Seefeldhacer un programita para cable, algo de media hora, para paliar la angustia de estar esperando a que los canales te llamen“. Con la idea de producir de su propio bolsillo el futuro programa, decidieron contactar a Federico D’Elia y Diego Peretti quienes también se entusiasmaron con el proyecto. Los cuatro ya se conocían de haber compartido otros trabajos y, lo que resultó ser fundamental para su futuro éxito, eran buenos amigos. Entre las primeras ideas que barajaron, estaba una comedia costumbrista en la línea de lo que fue “Los Machos” (Maestro y Vaiman, Canal 13, 1994).  Pero fue la inclusión de Damián Szifrón, lo que daría vuelta la tortilla.

Szifrón, un autodefinido “fanático de las películas pochocleras“, había dirigido algunos cortometrajes y tenía relativa experiencia en el medio televisivo.  Fue él quién trajo la idea de los simuladores: un grupo de personas que, pago previo del costo del operativo más la mano de obra y la logística, solucionaban problemas domésticos. Pero también, aportó la filosofía del programa: televisión pasatista, bien pensada, pocos capítulos e historias autoconclusivas.

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